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viernes, 14 de junio de 2019

A través del Espejo, OLTRE LO SPECCHIO





Por. Roberto Junior Fusco
Tupah (Paolo Vargas) è un lustrascarpe di La Paz che in cambio di denaro va a cercare lo zio trombettista niente meno che all'Averno, vale a dire l'inferno.
Tra rivisitazioni di personaggi danteschi e mitologici, il giovane protagonista supererà diverse prove, sconfiggerà nemici e stringerà alleanze muovendosi tra scenari decadenti e surreali nei quali convivono povertà e ricchezza.

Tupah, come in tutti i viaggi dell'eroe, arriverà a capire che il peggior nemico da sconfiggere è sé stesso, che i dubbi e le paure sono solo una parte del gioco.

Averno, scritto e diretto da Marcos Loayza, è ambizioso ma ha anche le sue ingenuità. L'aspetto più interessante sono i reali ambienti fatiscenti di La Paz che fanno da scenografie alle varie prove dell'eroe e più in generale il bisogno economico come base di partenza nella ricerca del parente dello sciuscià.

Averno è in concorso per il festival Oltre lo Specchio.

martes, 28 de agosto de 2018

Andrés Schinocca

De Hades a Supay o en busca de un cine sincrético. Averno (2018), de Marcos Loayza


Tupah, el joven lustrabotas que protagoniza esta historia, se embarca en una peripecia metafísica para encontrar y rescatar a su tío de las garras del inframundo. Para esto, su mundo se enrarece, le surgen amenazas  concatenadas en la geografía de una ciudad laberíntica.  A medida que la noche es más profunda, también se hacen más profundos los  antros en los que Tupah debe sumergirse.  Siempre seguido por una cámara con conciencia propia como impulsada por una fuerza divina, la cual adopta angulaciones exacerbadas, movimiento oscilante y encuadres enrarecidos. En este vértigo se plantea la película.  En un argumento simple, Loayza decide narrar a partir del campo semántico de la mitología inca o andina. Pero el relato en general no solo se abastece de esta simbología sino que se propone narrar con procedimientos modernistas, y no solo porque el cine en sí es el arte de la modernidad. Con un sonido ominoso, composiciones, situaciones y personajes del orden de lo  onírico, y con un montaje que abusa del falso raccord para construir y deconstruir  espacios laberínticos, podemos reconocer una influencia de las vanguardias de principios de siglo pasado, en especial el surrealismo.
En este marco Tupah se sumerge al mundo de los muertos, bajo una motivación poco consistente como una amenaza indeterminada por parte de un supuesto gánster. Si él no encuentra a su tío para el amanecer, sufrirá alguna represalia por parte de este gánster aparentemente ligado con la policía, a pesar de que en el transcurso de su aventura sufre amenazas, no solo extraordinarias sino también temerarias. De esta manera, con ciertas arbitrariedades argumentales, la película adopta un régimen casual, propio aunque no excluyente, del relato surrealista.
Dentro de esta idea de lo arbitrario o lo casual, podríamos ubicar la intención de narrar desde un cierto sincretismo.  Un sincretismo que aparenta ser tanto narrativo como cultural y mitológico.  Por un lado, la tradición de pensamiento occidental basada en la  mitología grecolatina, colisionando con la mencionada mitología andina. Loayza decide nombrar a la epopeya de Tupah, utilizando una palabra de origen latino que refiere al territorio que pertenece a los muertos. Averno, es el Reino de Hades para los griegos, o de Plutón para los romanos, o en caso de la mitología andina, podríamos relacionarlo con la deidad denominada Supay. La película toma el nombre que le designan los latinos, Averno y no Uku Pacha. A su vez que la peripecia de Tupah se organiza en distintas pruebas a resolver y enemigos como demonios dantescos a los que debe sobreponerse, la película está plagada de procedimientos y elementos que responden más a una escuela de vanguardia de entreguerras o al policial americano. Incluso utiliza, como dijimos, una estructura laberíntica y hasta un Minotauro que persigue a Tupah, figuras propias de la mitología griega. Sobre el final, previo a entrar en El Averno (bar "underground" que simboliza el inframundo), se le aparece en el camino a Tupah, un hombrecillo con rasgos anfibios que menciona al Jampatu, un demonio para la mitología andina, como también menciona a Hades. A su vez, lo interroga para permitirle el paso cual quimera griega. 
De aquí la propuesta del sincretismo, que no es la simple mezcla sino una amalgama, una doble copia de estas tradiciones. Producir algo de este enfrentamiento cultural y mitológico.
La cuestión aquí será pensar en si ésta doble copia o amalgama es posible cuando se plantea en un territorio parcial, como lo es el cine. Incluso pensándolo desde el punto de vista de nuestro mismo idioma. Aquí se complejizaría la cuestión ya que nos aparecería la oposición entre sincretismo o contradicción.  Generar algo nuevo a partir de la colisión simbólica o limitarse a utilizar imágenes y símbolos  de una mitología, una tradición, una cultura, para adornar un conjunto de elementos pertenecientes a otra tradición, que juntos compondrían una película. 
La diferencia podría residir en la intensidad. Para concluir, me voy a tomar el atrevimiento de establecer una analogía con un concepto del campo de la repostería. Equiparar densidades. Para hacer cremas mixtas o combinables, y en general cuando se usa gelatina para darle una consistencia determinada a la crema, es muy importante que la cantidad de gelatina necesaria para tal o cual receta, no sea introducida sola y de una vez a la preparación, ya que de esta manera solo nos quedarían grumos aislados con la consistencia deseada. En cambio hay que introducir una pequeña porción de la preparación a la gelatina líquida para poder mezclar y una vez integrado, introducir, ahora sí, esa mezcla a la preparación, ya con las densidades equiparadas. De esta manera la gelatina y la preparación se harían uniformes.   Se me dirá que no hay recetas para el cine, o la expresión. Puede ser, pero no creo que lo contrario a esto sea el sinsentido, más bien creo que si no hay recetas, hay conceptos. Tal vez nos sirva esta analogía para pensar, tal vez no.  Es una buena encrucijada en la que nos deja Averno.   
Andrés Schinocca

lunes, 9 de abril de 2018

Otros cines Bafici




-Averno, de Marcos Loayza (Competencia Latinoamericana)
¿Se acuerdan cuando Terry Gilliam sorprendía por barroco, por diseño, pero también por volcánico, por meterse con ganas de quemar en lugares donde el cine decidía meterse con pinzas? Averno tiene algo de eso. Es fastuosa, y decide calzarse leyendas andinas varias en un recorrido más cercano a una película de Ghibli que a la idea que se tiene de “el cine latinaméricano” en muchos festivales. Así, entonces, acá hay canchereada, hay fisicidad de lo fántastico a lo Del Toro, hay colores magnéticos, hay diseño de catch, y hay un héroe. Una película que se ánima a ser gran guiñol y que sale bien vestida de esa aventura.

Otros cines

martes, 23 de enero de 2018

Mitsuko Shimose

Autor: Mitsuko Shimose

El sol se oculta en la ciudad de La Paz en época de Todos Santos y  los mitos andino-amazónicos se hacen carne para habitarla. Ésta es la propuesta que hace Marcos Loayza en Averno (2018), cinta basada en leyendas resguardadas en el imaginario popular.
Loayza propone personajes míticos que se podrían dividir en dos: los que se convierten en leyendas (como el caso de las pandillas del siglo pasado o el escritor y poeta Jaime Sáenz envuelto siempre en un aura de misterio) y los que surgen de ellas (el Anchancho o el Lari-Lari).
Es con la personificación de estos mitos que el joven lustrabotas Tupah (Paolo Vargas) se encuentra durante su travesía, personajes y seres a quienes conoce y con los cuales comparte en los diferentes subsuelos que le toca descender hasta llegar al Manqha Pacha (mundo de abajo) para rescatar a su tío Jacinto (Adolfo Paco), algo que solo logrará internándose en  la mí(s)tica noche paceña.
De ese modo, el protagonista realiza su búsqueda por distintos bares paceños, empezando por el Colosal (el lugar que está más cerca del cielo), desde el cual es enviado a La Oficina, que es donde comienza su aventura mí(s)tica.
Pero antes de ingresar al Manqha Pacha, Tupah debe pasar por el purgatorio. Así, es perseguido por un personaje bien logrado que muestra la fuerza de un minotauro (Fred Núñez), por lo que termina recorriendo vericuetos que se asemejan a un gran laberinto, pasando del Aka Pacha (mundo de acá) al Alax Pacha (mundo de arriba), donde todo se ve inmaculado, pero que al mismo tiempo es la puerta que necesariamente debe cruzar para iniciar el descenso hacia el Averno, tugurio donde estaba su tío.
En el primer subsuelo, tiene que enfrentarse con el jefe de todas las pandillas, el mítico Príncipe de la noche, a quien termina venciendo en una lucha cuerpo a cuerpo. Sin embargo, es gracias a este triunfo que se gana la animadversión de los pandilleros que buscan venganza, por lo que la huida y el vencer obstáculos se vuelven una constante.
En el segundo subsuelo Tupah encuentra a un grupo de delincuentes que rezan fervorosamente a San Andrés para que su robo sea exitoso. En este piso, el protagonista continúa preguntando por el Averno, por lo que uno de los bandidos lo envía a la casa de Jaime Sáenz, escritor y poeta mítico cuya narrativa fue inspirada por la ciudad de La Paz y sus misterios nocturnos, para que sea él quien le indique las coordenadas de este bar de mala muerte.
Ya en el tercer subsuelo, aparece Sáenz (MiguelangelEstellano) como un personaje bien construido porque logra transmitir el aura que lo envuelve.
Antes de llegar al cuarto subsuelo, Judith (Sydney Sánchez), una prostituta con la que se encuentra en el camino, le brinda finalmente la llave para abrir la puerta del Averno: un talismán protector en forma de serpientes.
Desde aquí empieza su encuentro con los seres míticos como el Anchancho (duende cuya existencia se da en el espacio subterráneo del interior de la mina, interpretado por Freddy Chipana) que se presenta maravillosamente encarnado gracias al maquillaje y al vestuario,  pero cuyo discurso está repleto de una serie de acertijos que más allá de que parecerían no estar relacionados con su personaje, tampoco llegan a enriquecerlo.
En su paso también conoce a Roberto Lara o Lari-Lari (animal mítico cuyas presas favoritas eran los niños recién nacidos que todavía no habían sido bautizados, el cual, aunque magistralmente interpretado por Alejandro Marañón, no termina por esclarecer del todo ni su origen ni su objetivo).
No obstante, es él quien lleva a Tupah a una de las mejores escenas de la película, fotográficamente hablando: un bar inundado de cerveza por la cantidad de personas que comparten esta bebida con la Pachamama, convirtiéndose así en un acto ritual.
Por otro lado, está el tema de las dualidades, algo fuertemente presente en el filme (vida y muerte, día y noche, bueno y malo, deseo y miedo, etc.) y cuyo punto a favor radica en que no son manejadas de forma maniquea, sino más bien desde la cosmovisión andina de lo complementario (los opuestos no deben luchar entre sí, sino entenderse e integrarse para un bien común).
También se advierte la lógica de los dobles (los dos gordos, los dos guardianes del Colosal y los dos del Averno, los tíos gemelos —Jacinto y Anselmo—, las dos ñatitas —Tapia y Reynaga—, los dos Tupah —uno el lustrabotas y el otro el kusillo—, etc.), la cual conversa perfectamente con los planos indirectos, coadyuvando con esto, precisamente, al sentido de dobles mediante los reflejos, especialmente cuando Tupah —después de haber matado al Príncipe de la noche— se sienta al borde de una fuente y la imagen de un semblante aturdido, al saberse perseguido por quienes buscan venganza, se proyecta en el agua. La cámara tampoco sería la excepción, ya que no observa al protagonista, sino que lo confronta consigo mismo, es decir, a sí mismo desdoblado, logrando esto mediante la intimidad que generan los primeros planos.
Dado que todo este recorrido se realiza en un tiempo y espacio determinados (la noche de La Paz), la ciudad también tiene un rol importante en Averno, tanto que se convierte en un personaje más… es por eso que, a momentos, uno llega a centrar su atención en el reconocimiento de locaciones más que en el personaje principal.
Este protagonismo que adquiere la ciudad requiere, pues, de una nueva mirada tanto de Tupah como del espectador, más aún cuando durante su recorrido nocturno, ésta es habitada por mitos. Sin embargo, si bien la focalización estaría en el espacio, al encontrarse dentro del género de aventuras, se esperaría que el héroe presente algún cambio, el cual, aunque pequeño, se da, pero que no se advierte, generando, a momentos, una sensación de linealidad y monotonía.
En esa vía, la escena que muestra un ligero guiño de transformación del héroe es cuando Tupah —atendiendo a la sugerencia de la dama del Averno (Roswita Huber) y cuando emerge de ahí con la primera luz del día acompañado de su tío, quien para salir completamente de ese mundo de abajo saca un sapo de su bolsillo— bota su “máscara”(la cual representaba su imagen pública como lustrabotas) y conserva su dije de serpiente para convertirse en arquetipo y así estar dentro de la herencia del inconsciente colectivo del imaginario mítico andino-amazónico que descubrió durante su viaje nocturno.
Así, la travesía de Tupah concluye exitosamente, aunque el epílogo de la cinta se haya quedado corto ante tan magno triunfo de un héroe anónimo que pudo superar todos los obstáculos que le impuso la noche de una ciudad habitada por mitos. Quizá esto haya sido intencional, justamente para remarcar la cosmovisión andina de complementariedad… o tal vez simplemente tengamos que aprender a ver con otros ojos nuevas miradas.

lunes, 22 de enero de 2018

Raul Prada

La travesía de Tupah
Raúl Prada Alcoreza










El cine, imagen-movimiento e imagen-tiempo, según Gilles Deleuze, es quizás el acontecimiento paradigmático de la modernidad, la expresión audiovisual se manifiesta en tramas, que se tejen en distintas capas entrecruzadas.  Ya no se trata de la trama expresada en la escritura literaria, tampoco de las composiciones musicales, que si se quiere corresponden a otro tipo de entramado, tonal y sonoro; sino tramas compuestas en imágenes, combinadas con acústica y diálogos, donde aparece, si se quiere, la herencia de la literatura. Entonces, se comprende la mayor exigencia en el cine respecto a conformar una trama y lograr una narrativa compuesta.  Lograrlo es toda una tarea titánica de coordinación, de componer precisamente la trama compuesta audiovisual y narrativa.

La película de Marcos Loayza Averno ha logrado esta hazaña. ¿Cómo podemos aseverar esto? ¿Cómo podemos corroborar lo que aseveramos? Primero, ¿qué es lo que vemos en la película? Fuera de las analogías que pueda haber con la mitología griega, que las hay, no solamente en esta película, sino en otras, nacionales e internacionales, así como en la recurrencia a este arquetipo en la literatura, lo más significativo en la película es lograr no solamente poner en pantalla el imaginario paceño, por lo menos, correspondiente a lo que interpreta como acontecimiento barroco de la ciudad de La Paz, enclavada en las montañas y acurrucada en sus sueños, pero también en sus misterios. Me animaría a señalar un barroco paceño, que obviamente ha venido cambiando con los tiempos, pero también una especie de surrealismo paceño, que rompe las fronteras entre lo real y lo ficticio. Pueden no ser muy atinadas estas definiciones, sin embargo, por ahí van, como aproximaciones interpretativas de las singularidades imaginarias de una ciudad que es residencia de entrelazamientos culturales y entramados pasionales.
Los escenarios urbanos del Averno son casi los escenarios configurados en la novela Felipe Delgado, ciertamente con la actualización al presente eterno, cambiante, sin embargo, repetitivo en su diferencia. Salvo uno que otro cuadro pictórico que muestra, mas bien, por donde se ha expandido la ciudad y es distinta. El personaje central Tupah, que alude al mito de Tunupa, por lo tanto, mito andino, no griego, incorpora este substrato simbólico, que reaparece con las menciones a Katari, a la serpiente de la maca-pacha, que se convierte en serpiente alada, es decir, de la alaj-pacha; Tunupa inmanente en la geología y Tunupa emergiendo volcánico. Aunque sea solo una alusión semántica, con el nombre del personaje, hay que tenerla en cuenta en la interpretación de la película.

El arquetipo de la mitología griega tiene que ver con nuestra pertenencia al mundo, el arquetipo andino de Tunupa tiene que ver con nuestra pertenencia a nuestro mundo, el singular; la manera cómo recibimos las herencias de la tierra y las culturas propias y las formas cómo las articulamos a las herencias que nos dona el mundo. Este es el encanto de toda singularidad, es propia y se integra a otras singularidades, las del mundo.

El tío es el personaje de la búsqueda, pero también el personaje que aparece al principio de la película, en el sueño de Tupah. La tarea encomendada a Tupah es encontrar al tió y traerlo para que toque en el entierro de un oficial de alto rango de la policía, que acaba de morir, apellidado Gómez. La tarea la encomienda, nada más y nada menos, que un funcionario del Estado, un funcionario oscuro del ministerio de gobierno. El fin parece pedestre, tocar en el funeral boleros de caballería, boleros que hacen llorar a coroneles y generales. El tío es un trompetista cotizado de una banda con prestigio.   Entonces, el fin deja de ser trivial cuando se trata de la muerte, de despedir a un oficial que ya se encuentra en el Averno y sus proximidades. Muchos muertos se citan con los vivos en el bar Averno, es donde se encuentran y quizás no regresan. Tupah regresa después de haber vencido al cuisillo, que, en este caso, el de la película, hace de demonio al que se tiene que retar a una lucha, de antemano perdida. Tupah lo vence y puede volver al bar para llevárselo a su tío.

Jaime Saenz aparece en la película, ineludiblemente en la noche, con las luces prendidas de la habitación cuya ventana da hacia la calle. Aparece como se lo presenta en algunas fotografías, con su manto de awayo, sus gafas, su barba y su estilo misterioso de habitar la noche; en una habitación atiborrada de artefactos, de artesanías y de símbolos, incluso cristianos como el de Santo Santiago y la cruz, que se hace visible, colgada en la pared. Los libros se acumulan en la biblioteca y las velas están prendidas cumpliendo con la ceremonia. Esta breve aparición del escritor de Felipe Delgado revela la conexión de los entramados de la película, sobre todo, en los diálogos, con la novela, que narra en claves del barroco cultural paceño y en reflexiones vitalista que hacen eco de los pensamientos intempestivos de Friedrich Nietzsche.

En la travesía de Tupah, que puede ser una odisea urbana, así como la odisea urbana de Ulises de James Joyce, así como la travesía de Orfeo, pero, también la travesía de Tunupa, sobresalen dos encuentros, con el Anchanco y con el Lari Lari. Los diálogos con Tupah recuerdan a las reflexiones del brujo de Felipe Delegado y del mismo Felipe de la novela. En este caso, son demandas dichas en forma de acertijos, por parte de ambos a Tupah, al que simulan quererlo ayudar en su comedido. Ambos personajes pertenecen al mundo oculto de donde provienen los aparecidos, en la forma que imagina la narrativa popular singular andina. La sorna y la ironía de estos diálogos o monólogos hacen paráfrasis con la ironía trágica y dramática de Jaime Saenz, en Felipe Delgado.

La persecución a la que es sometido Tupah, después de haber matado al “Príncipe de la noche”, en un combate imprevisto, en medio de la fuga de Tupah de su verdugo, el minotauro, por parte de las pandillas que quieren matarlo, aparece como amenaza y condena de ciertos dominios nocturnos, compensados con la presencia de otras fulguraciones nocturnas, que más bien lo ayudan y lo protegen en su travesía. No se hace reminiscencia exactamente a una lucha entre bien y mal, pues las ñatitas consultadas, las calaveras femeninas, le transmiten mensajes indispensables para que Tupah pueda culminar su travesía exitosamente. También el Tata Santiago lo salva de ser abatido por las pandillas que lo tienen rodeado en túnel que conecta San Pedro con Sopocachi. Se trata de la concurrencia entre las fuerzas que atraviesan la noche e impulsan sus desenlaces.

Como se puede ver, el guion no era nada fácil de realizarlo como cine, como imagen-movimiento e imagen-tiempo; sin embargo, con los recursos al alcance, incluyendo actores, el director ha logrado plasmar una narrativa compuesta, audiovisual y dialogal, integrando los distintos planos de intensidad en una secuencia figurativa de donde emana el sentido inmanente: la inseparabilidad de la vida y la muerte, la inseparabilidad de lo imaginario y la realidad.


Se pueden encontrar falencias en la exposición misma de la película, como la relativa a algunas actuaciones, pero estas son perturbaciones mínimas en la cinemática de la película. La integridad lograda de la composición se mantiene; la realidad y la ficción se cruzan constantemente, aunque haya solo islas descriptivas de la realidad, como cuando se presenta a la familia de Tupah, o haya islas alucinantes de, si se quiere, irrealidad, como las relativas a las últimas escenas, salvo el encuentro y los abrazos de los amigos, los lustrabotas del grupo de Tupah. Estas islas son parte del paisaje-movimiento, jugando con la metáfora binaria de Deleuze, paisaje social y paisaje subjetivo.   

viernes, 29 de diciembre de 2017

es story board

comparto unos cuantos fotogramas de la película junto al story board
un duro trabajo que llega a su fin





viernes, 12 de febrero de 2016

noticia de EL DEBER

LOAYZA con grandes propuestas bajo la manga




El cineasta boliviano tiene dos grandes proyectos, una película que se filmará enteramente en La Paz  y una serie de seis documentales ecológicos impulsados por Carlos Mesa Bárbara Antelo M. - Santa Cruz El director y guionista de Cuestión de fe  y Las bellas durmientes, Marcos Loayza tiene dos proyectos en el área audiovisual.  Actualmente trabaja en el guion de una película que, por el momento, carece de un nombre oficial y por ahora llaman El secreto de la serpiente; paralelamente dictará un taller de actuación del 9 al 20 de junio en la zona sur de La Paz, con la intención de que funcione como semillero para encontrar los 50 actores que necesita para dicha cinta. Conocido por la calidad de la imagen en los trabajos que realiza y la amplia trayectoria en el medio audiovisual, el cineasta ganador de 11 premios nacionales e internacionales fue elegido para trabajar en la realización de documentales ecológicos titulados Planeta Bolivia, que alertan sobre las malas condiciones que está atravesando el país en materia medioambiental. Loayza y su equipo de producción de Alma Films, su empresa, comenzaron este trabajo en agosto de 2013 y hasta la fecha tiene dos documentales terminados y cuatro más en proceso.  “El boliviano tiene la percepción de que la tierra es muy generosa y que, hagamos lo que hagamos, siempre va a estar igual”, dijo Loayza, que espera  que esa manera de pensar de sus compatriotas cambie.  Entre los impulsores del proyecto Planeta Bolivia están Juan Carlos Enrique, consultor medioambiental; Ramiro Molina Barrios, sociólogo y antropólogo de La Paz, y el expresidente del Estado Carlos Mesa, quienes consiguieron que el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Banco Fie de Bolivia financiaran los dos primeros documentales. “El proyecto abarcará todo el territorio nacional, tanto en la captura de imágenes y problemáticas como en la proyección de los documentales una vez que estén listos”, dijo Carlos Mesa, quien a su vez indicó junto a los otros impulsores que se encuentran buscando financiadores para continuar con el resto de los documentales  

jueves, 11 de febrero de 2016

serpiente



algunos esotéricos hacen una lectura de la Biblia y sostienen que el primer animal que creo dios, algunos sostienen incluso antes que al propio hombre, es la serpiente.

martes, 26 de enero de 2016

Jorge Ruffinelli

El maestro Jorge Ruffinelli escribió:


En cada una de sus nuevas películas, Marcos Loayza ha procurado y logrado no repetirse, ni en temas ni en estilo. De todos modos, fiel a sí mismo, a sus valores humanistas, y a sus ideas sociales y políticas, sus películas ven la realidad con el filo invariable y reconocible del análisis agudo. 




viernes, 8 de enero de 2016

Mauricio Souza


Analizando y reflexionando cada uno de los puntos:


Punto de vista Mauricio Souza Crítico El trabajo de Marcos Loayza se resume en cuatro largometrajes de ficción y un documental, hablamos de una obra que tiene coherencia y rasgos comunes marcados de alguna manera para empezar con su primera película Cuestión de fe, que es un clásico del cine contemporáneo boliviano.En esta película, Loayza presenta uno de los rasgos -que iremos encontrando en su filmografía-, que es el interés de contar una historia de forma clásica, un gran interés por el desarrollo y construcción de personajes que sean entrañables y con los que el espectador se puede identificar. Hay el intento de configurar películas que se pueden leer en distintos niveles. Intentan atrapar al espectador, entretenerlo pero también ofrecen una lectura del país, de su cultura y de su realidad.
sobre la coherencia, esperamos que sí mantengamos la coherencia y Ak sea una continuidad de lo hecho hasta ahora en las anteriores películas

contar una historia de manera clásica, esta es la obra que creo mas se aleja de la manera clásica de contar, en el sentido de que respeto el tiempo y la inteligencia del espectador y propongo jugarle con todas las cartas sobre la mesa, ya que entra en ciertos territorios que no son comunes y le serán extraños o inéditos.

El desarrollo y construcción del personaje se verá si en AK se consigue en un personaje que esta marcado por el continuo devenir, caminar y transitar. el resto de los personajes apenas tienen una oportunidad de aparecer.
la lectura de distintos niveles creo que si está asegurada y ademas hay una propuesta de que Ak se lea desde niveles desconocidos por mi.

será una manera distinta de leer nuestra sociedad, no creo que despertará polémica sino asombro. Se reciben apuestas.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

De regreso a Coroico

De alguna manera el viaje a Coroico fue un viaje a volver al sitio donde se nace, despues de mas de 20 años, cuando filmabamos Cuestion de Fe, esta vez como cineasta, recordar los mismos viejos miedos al enfrentar una historia en la que arriesgas y que sabes que es mejor dibujar y ensayar sobre cierta incertidumbre confiando a otras esferas mas allá de la razón que tener todo bajo el control. Una manera extraña, tal vez la única valida para un artista de reflexionar, reflexionar con lo que se siente con la piel, con los sueños.